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Poner cuerpo a lo que está en la cabeza

  • Foto del escritor: Mónica Bustamante
    Mónica Bustamante
  • 28 mar
  • 1 min de lectura

Actualizado: 9 may




Hay momentos en los que todo ocurre en la cabeza.


Pensamientos que van y vienen, que analizan, que anticipan, que repiten lo mismo una y otra vez. Intentamos entender, resolver, encontrar una salida... pero cuanto más pensamos, más nos enredamos y a veces, no nos damos ni cuenta del bucle en el que estamos metidos y nos vamos alejando de lo que está ocurriendo realmente.


Porque mientras la mente se activa, el cuerpo queda en segundo plano.


Pero la experiencia no está solo en la cabeza.


Está también en la respiración, en la tensión del pecho, en el nudo en el estómago, en la inquietud que recorre el cuerpo sin que sepamos muy bien por qué.


Poner cuerpo a lo que está en la cabeza no significa dejar de pensar, sino ampliar la atención.


Incluir lo que está ocurriendo más allá del pensamiento.


A veces, basta con detenerse un momento y notar: qué está pasando en el cuerpo ahora.


Sin intentar cambiarlo.

Sin buscar que desaparezca.


Sólo dándose cuenta.


Y en ese gesto, algo se desplaza.


No porque hayamos encontrado una solución, sino porque dejamos de estar completamente atrapados por la mente.


La experiencia se vuelve más amplia, más habitable.


Y, poco a poco, lo que parecía sólo en nuestra mente como un problema que había que solucionar, empieza a mostrarse también como una vivencia que puede ser sentida.


No se trata de hacer nada especial.


Sino de permitir que lo que ya está... también tenga su lugar en el cuerpo






 
 
 

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Un lugar para detenerse y mirar hacia dentro

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